Unas veces se gana... otras se aprendre

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Me considero una persona de lo más competitiva, nunca llevé bien las derrotas y mi perfeccionismo a veces llega a convertir en un defecto. Podrá sonar extraño pero a pesar de todo esto puedo decir que he aprendido a saborear las derrotas, bueno más que a saborear he aprendido a buscarles la parte positiva. Y ahora entiendo perfectamente la frase de Guardiola “Lo que te hace crecer es el error, la derrota”. Muchas veces la derrota hace que sean más fáciles de percibir errores que quizá pasarían desapercibidos si el resultado hubiera sido una victoria. En ese caso lo importante será analizarlos con tranquilidad para no volver a cometerlos.
 

Algunos podréis no entenderlo pero para ello os invito por un momento a poneros en la piel de un entrenador y más concretamente en la de un entrenador de fútbol base. En el fútbol de formación muchas veces el resultado debería ser lo de menos y en mi corta experiencia siento que es algo que en edades tempranas se debería transmitir tanto por parte del entrenador como también por parte de los padres ya que los malos resultados pueden desanimar a algún niño o hacer que nos olvidemos de los objetivos prioritarios que se persiguen ya sean desde el punto de vista técnico-táctico o otros como pudieran ser el relacionarse con otros niños, el ir asumiendo una serie de valores o normas de comportamiento, que desarrollen el sentimiento de pertenencia a un grupo o lo positivo de hacer deporte.
 

Me vale tanto la frase de Guardiola como la que encabeza el post para explicar esa parte positiva de las derrotas… de todo se aprende como en la vida. Partamos eso sí por supuesto de que mentiría si dijera que no me gustaría ser campeón pero también digo que creo que probablemente si un equipo se acostumbra a ganar fácil probablemente esa temporada progrese menos que aquel que fue de derrota en derrota.
 

Las derrotas a mí como entrenador me hacen mejor o deben hacerme mejor en el sentido de que me dan más trabajo y son más las correcciones que debo hacer en los partidos y después tratar de buscar la manera de aprovechar los entrenamientos para incidir en aquellos aspectos que deben mejorar tanto cada jugador a nivel individual como a nivel colectivo. Y ahí estoy creciendo. Y ellos también crecen. Crecen día a día a medida que van corrigiendo errores y mejorando en las distintas facetas del juego. Y al final crecemos todos juntos…..como un equipo.
 

Y digo “como un equipo” porque es una de las cosas en las que más me gusta incidir y es algo que también hay que aprender, aprender e inculcar desde pequeños. El “como un equipo” vale para el “jugamos todos” o el “aquí fallamos todos” o el “calentamos como un equipo”. Me parece importante que ellos vayan interiorizando esos conceptos y si llega el día de partido y demuestran estas cosas para mí más allá de lo que diga el marcador consideraré que ese día he ganado.


Habremos ganado si el balance que podemos hacer del equipo es positivo en aspectos en los que no entra en juego el equipo rival y sólo dependen de nosotros. Aspectos como ¿ llegaron todos puntuales? ¿ realizaron un calentamiento de forma ordenada y útil para el partido? ¿ qué tal fue el comportamiento de los suplentes en el banquillo?
 

Habremos ganado si al acabar del partido alguno de los jugadores se pregunta que hizo bien o que hizo mal pensando en mejorar.
 

Habremos ganado sea cual haya sido el resultado si habitualmente a los entrenamientos acuden la totalidad de los jugadores.
 

Habremos ganado el partido o podremos marchar satisfechos de un entrenamiento  si tenemos la sensación de que se han esforzado  a la vez de haberse divertido.

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